¿Hay que ser flexible para enseñar yoga?
¿Hay que ser flexible para enseñar yoga?
¿Por qué asociamos yoga y flexibilidad?
Esta creencia nace principalmente de la imagen contemporánea del yoga:
- posturas muy avanzadas,
- cuerpos jóvenes, delgados y extremadamente móviles,
- una fuerte puesta en escena estética en las redes sociales.
Poco a poco, el yoga se volvió visual.
Se empezó a confundir una práctica interior con una demostración corporal.
Sin embargo, históricamente el yoga
nunca fue una disciplina de flexibilidad.
Las posturas fueron concebidas para
estabilizar el cuerpo y calmar la mente, no para impresionar.
El yoga nunca tuvo como objetivo ser flexible
En los textos fundacionales, una postura correcta se describe como
estable y cómoda.
No extrema. No espectacular.
La flexibilidad puede ser una consecuencia de la práctica, pero no es ni el objetivo ni la condición.
Un cuerpo rígido puede practicar yoga.
Un cuerpo flexible puede pasar completamente por alto la esencia del yoga.
Enseñar yoga no es demostrar
Una profesora o un profesor de yoga no está ahí para mostrar lo que su cuerpo es capaz de hacer.
Está ahí para:
- guiar,
- explicar,
- observar,
- adaptar,
- garantizar la seguridad,
- transmitir una experiencia.
Ser capaz de ejecutar posturas avanzadas no garantiza ni pedagogía, ni comprensión del cuerpo, ni calidad de enseñanza.
Por el contrario, muchas personas que no son naturalmente flexibles desarrollan:
- una gran capacidad de observación,
- una pedagogía clara,
- una verdadera empatía hacia los límites,
- una práctica accesible e inclusiva.
Las y los profesores “menos flexibles” suelen ser más justos
Cuando no se es flexible de forma natural, se aprende a:
- escuchar las sensaciones,
- respetar los límites,
- comprender las adaptaciones,
- sentir en lugar de forzar.
Y eso es exactamente lo que la mayoría de los alumnos busca.
Un profesor que conoce las limitaciones del cuerpo suele enseñar un yoga
más seguro, más humano y más realista.
Un yoga que tranquiliza en lugar de intimidar.
El verdadero asunto: la conciencia, no la amplitud
La verdadera pregunta no es:
“¿Soy lo suficientemente flexible?”
Sino:
- ¿Escucho mi cuerpo?
- ¿Soy capaz de guiar sin imponer?
- ¿Entiendo lo que transmito?
- ¿Respeto mis límites y los de los demás?
El yoga enseña humildad, no exhibición.
Valora la presencia, no el rendimiento.
Cuidado con la trampa de la “legitimidad corporal”
Muchas personas renuncian a enseñar yoga por culpa de su cuerpo.
Es una forma de autocensura muy frecuente.
Sin embargo:
- no existe un “cuerpo de profesor de yoga”,
- no existe una postura obligatoria,
- no existe un estándar corporal legítimo.
Enseñar con un cuerpo real, vivo, cambiante y a veces limitado, transmite un mensaje muy poderoso:
tienes derecho a ser como eres.
Conclusión: la flexibilidad no enseña nada, la presencia sí
No, no necesitas ser flexible para enseñar yoga.
Necesitas estar
presente, formado/a, consciente y alineado/a.
La flexibilidad puede impresionar.
La presencia transforma.
Y hoy en día, transmitir un yoga accesible, respetuoso y encarnado es, sin duda, una de las enseñanzas más necesarias.
Si estás pensando en enseñar yoga y tu cuerpo te hace dudar, recuerda esto:
no es tu amplitud la que hará de ti un buen profesor o profesora,
sino tu capacidad de acompañar con coherencia y sensibilidad.
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Namasté









